Bueeeeeno, el carpaccio, lo que se dice carpaccio, suele ser un plato con finas láminas de carne cruda (ternera, res, pescado, etc) aliñadas con aceite de oliva y condimentos varios. Pero siendo generosos, el término aplica a cualquier vianda presentada en rebanadas delgadas. Luego entonces, le llamo así a esta versión fancy de mi tradicional ensalada de pepino, jícama y tocino.
Ya no más lechuga, por favor. Mejor pásenme dos naranjas y una toronja cortadas en supremas*; dos tiras de apio en rodajas, y una vinagreta con aceite de oliva, vinagre de arroz, azúcar mascabado y canela en polvo.
*Supremas: dícese de los gajos de un cítrico, sin piel; los saquitos que contienen el jugo quedan al descubierto, con una textura comparable a la de unos labios en posición de beso.
El comensal puede evocar la ensalada de supremas mientras besa, o evocar el beso mientras degusta la ensalada.
.Dos cebollas blancas en juliana.
.El jugo de dos naranjotas.
.Jengibre en polvo.
.Pimienta.
Vaciar las cebollas en un cazo con poco aceite, a fuego bajísimo.
Menear para que a todas les toque color y agarren calor. Les toque calor y agarren color. Como sea.
Una vez coloreadas y calientes, exprimirles encima el jugo de una naranjota. Sazonar con jengibre y pimienta. Menear.
Una vez consumido el jugo, exprimir la segunda naranjota; repetir la meneada.
Seguir cocinando hasta dos segundos antes de que las cebollas se vuelvan puré.
Servir con cualquier carne gordita y jugosa; pronunciar así merito como está el título, con gesto elegante y pretencioso.